¿Qué es el Daño Cerebral?
¿QUES ES EL DCA?
El Daño Cerebral Adquirido (DCA) hace referencia a personas afectadas por lesiones cerebrales que irrumpen de manera brusca e inesperada en su trayectoria vital.
"El daño cerebral está producido por una lesión en el cerebro, de naturaleza no degenerativa ni congénita, como resultado de una fuerza física externa o causa interna, que produce una alteración del nivel de conciencia y del cual resulta una afectación del funcionamiento cognitivo, emocional, conductual y/o físico”. (Vermont Division of Vocational Rehabilitation, 1999). El daño cerebral de origen congénito o genético, es decir el que ocurre desde el nacimiento, no está incluido en la definición de lesión cerebral adquirida. Tampoco lo están las enfermedades neurológicas degenerativas o las discapacidades que tienen su origen en las enfermedades mentales, como la esquizofrenia.
El DCA es un problema de salud pública de primera magnitud dado el número de personas afectadas, la gran duración de sus consecuencias (a menudo a lo largo de toda la vida) y la repercusión en la calidad de vida de estos pacientes y sus familias.
Tras el DCA se altera la condición de salud y el funcionamiento de la persona y de su grupo familiar. Así pues, pueden producirse alteraciones muy diversas y complejas a nivel motórico, sensorial, cognitivo, emocional y funcional que pueden incidir seriamente en la autonomía del afectado y sus familiares.
El DCA es un problema creciente en nuestra sociedad, generando demandas socio – sanitarias cada vez mayores así como elevados costes para los servicios y políticas sanitarias. Este aumento de casos se está produciendo progresivamente por la conjunción de dos frentes: por un lado, el envejecimiento de la población y, por otro, el aumento de la supervivencia de los procesos neurológicos graves gracias a la mejora de los servicios de emergencias y a los avances en los medios diagnósticos y terapéuticos (Alberdi, 2009).
Se conoce que aproximadamente 300.000 personas sufren en España una discapacidad cuyo origen es el DCA. Este importante conjunto de personas sufre, por un lado, una pérdida de calidad de vida (sobre todo en los aspectos relacionados con su actividad física) y, por otro, un gran impacto económico derivado de gastos asistenciales y sanitarios, adaptaciones para su vida, productos de ayuda y terceras personas, transporte, etc.
¿CÓMO SE PRODUCE?
Las causas más frecuentes de DCA, por orden de incidencia, el accidente cerebrovascular (ACV: hemorrágicos ó isquémicos), el traumatismo craneo-encefálico (TCE: accidentes de tráfico, caídas, accidentes laborales o como resultado de la práctica de deportes de aventura) y, a gran distancia, un grupo misceláneo, en el que destaca la encefalopatía hipóxica (Alberdi y cols., 2009), tumores y otras causas.
En España, las cifras del 2002 revelan que cada año resultan unos 72 casos nuevos de TCE por 100.000 habitantes, con dos picos de edad: uno entre los 15 y los 25 años y otro a partir de los 65 años. La tasa de supervivencia con probabilidad de secuelas moderadas o graves (número de personas dadas de alta) sería de 11 individuos por 100.000 habitantes (Informe del Defensor del Pueblo, 2005). Las secuelas que estas personas presentarán les impedirán realizar una vida independiente.
Por su parte, la enfermedad cerebrovascular (hemorragias, aneurismas, malformaciones arteriovenosas, infartos, etc.) se cifra en unos 200 casos nuevos por 100.000 habitantes cada año (Fundación Española de Enfermedades Neurológicas, 2008).
Los datos publicados en 2002 por el Boletín Epidemiológico del Instituto Nacional de Epidemiología, señalan los ACV como la primera causa de mortalidad en España entre las mujeres y la segunda en los varones.
Según la Organización Mundial de la Salud la enfermedad cerebrovascular representa la tercera causa de muerte y la primera de invalidez en los adultos en el contexto global. Siendo tan importante dicha mortalidad, aún lo es más el grado de discapacidad que producen y el consiguiente gasto socio – sanitario.
De la Encuesta de discapacidades y deficiencias y estado de la salud realizada en el año 1999 podemos extraer los siguientes datos de prevalencia: aproximadamente 570 personas por 100.000 habitantes y año presentan una discapacidad secundaria al daño cerebral adquirido (DCA). El 83% son ACV y el 19,5% son debidos a TCE.
¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE?
Las consecuencias del daño cerebral son muy diversas y por lo general afectan de manera heterogénea a los diferentes pacientes. De hecho, dependiendo de la extensión y localización de la lesión asistiremos a la presencia de unos u otros fenómenos, dada la especialización cerebral y la amplia interconexión de las diferentes áreas córtico – subcorticales e interhemisféricas.
Cualquier lesión cerebral puede afectar de manera diferente. Sin embargo, hay diferencias en función de la patología. Las lesiones provocadas por causas internas (aneurismas, infartos y tumores) suelen provocar déficit más delimitados, que afectan sólo a determinadas áreas cerebrales. Las lesiones provocadas por agentes externos como las producidas por Traumatismos Craneoencefálicos (TCE) o heridas penetrantes presentan alteraciones más generalizadas, ya que toda la superficie se puede ver afectada por el/los impacto/s y la inflamación posterior. El Accidente Cerebro Vascular (ACV) puede cursar con una evolución favorable, y con una recuperación casi inmediata (de minutos a horas) de los síntomas. En este caso se habla de Ataque Isquémico Transitorio (AIT). Otro gran grupo de personas padece signos y síntomas cuya recuperación, en mayor o menor medida, aparece tras un intervalo de estabilización de la enfermedad.
Tras un primer momento de tratamiento médico en régimen hospitalario o ambulatorio, y cuando se consigue la estabilidad clínica se irán produciendo mejoras de manera progresiva; algunas llegarán temprano, pero otras tardarán mucho en evolucionar, incluso algunas alteraciones se establecerán como secuelas permanentes que producen discapacidad. No obstante, es frecuente evidenciar mejorías en la adaptación de los pacientes a sus limitaciones incluso después de años de la lesión. El Copenhagen Stroke Study (CSS) indica que se produce recuperación funcional de la discapacidad en un 50% de los casos, en relación con la gravedad inicial del ictus.
Cualquier lesión cerebral puede producir una alteración de las funciones cerebrales que pueden provocar déficits más o menos numerosos, leves o graves, a nivel físico, cognitivo, emocional y social pudiéndose manifestar bajo una o varias de los siguientes procesos:
- Procesos y funcionamiento motor: alteraciones del tono y fuerza muscular, de la coordinación y control motor, alteraciones de la sensibilidad superficial o profunda, dificultades en la deglución, problemas en la articulación de los sonidos del habla, etc. Tanto los diferentes especialistas médicos (médico rehabilitador, neurólogo) como los técnicos en fisioterapia, terapia ocupacional, y logopedia intervendrán en estos aspectos.
- Procesos y funcionamiento cognitivo: pueden producirse alteraciones neurocognitivas en áreas como la orientación, atención, velocidad de procesamiento, percepción, memoria, razonamiento y pensamiento abstracto, planificación y regulación del propio funcionamiento, falta de conocimiento y reconocimiento de propias limitaciones, etc. En estos casos, el especialista en neuropsicología debe hacer un correcto diagnóstico para establecer los objetivos de intervención prioritarios.
- Comunicación: en ciertas ocasiones, la persona padece una amplia restricción del lenguaje (tanto en su dimensión receptiva, como expresiva o ambas), y también de la posibilidad de comunicación gestual, lo que limita enormemente su comunicación con el entorno y requerirá de un tratamiento específico en logopedia.
- Actividad funcional: uno de los aspectos más comúnmente observados que se derivan de las alteraciones de los procesos motores y/o cognitivos, son las limitaciones en las actividades básicas de la vida diaria (como la alimentación, la eliminación, la deambulación, la realización de las transferencias del propio cuerpo, el vestido y desvestido, etc.), las instrumentales (aquellas que implican el uso de utensilios, de dinero, manejo de medios de transporte, etc.) y las avanzadas (que suponen un mayor grado de complejidad para organizar y disfrutar del tiempo libre y ocio, por ejemplo). El terapeuta ocupacional, además, cómo no, de la familia, serán de especial relevancia para tratar los aspectos relacionados con esta área.
- Afectos y comportamiento: no es infrecuente que con las alteraciones descritas se solapen otras más de tipo afectivo como apatía, falta de interés, o labilidad afectiva. Si la persona presenta alteraciones del estado de ánimo, u otras alteraciones psíquicas debemos consultar con un médico especialista en psiquiatría y valorar si se podría beneficiar de una intervención psicoterapéutica. En ocasiones, encontraremos problemas de tipo conductual, como la regulación del comportamiento social, desinhibición, irritabilidad, agresividad, demandas inadecuadas, conductas repetitivas, etc., para lo cual puede ser útil establecer programas específicos de modificación de conducta por parte del psicólogo.
- Complicaciones médicas: en relación a posibles infecciones, complicaciones derivadas de los sondajes, mayor riesgo de padecer epilepsia, etc.
- Entorno familiar/social/laboral: como consecuencia de los diferentes déficit, el desempeño de responsabilidades familiares, las relaciones afectivas y sociales, el disfrute del ocio, y el ámbito laboral pueden verse afectados, y generalmente se establecen como objetivos de la rehabilitación transdisciplinar para reintegrar al paciente en dichos ámbitos. El trabajador social, aportará información acerca de las prestaciones sociales y económicas según las necesidades asistenciales en cada momento y de cada caso concreto, además de otros trámites de tipo legal y administrativo.
Estos déficits hacen que la diversidad de los profesionales que se necesitan para la adecuada rehabilitación de las personas con un daño cerebral adquirido sea amplia: no hay una persona que pueda poseer todos los conocimientos ni habilidades necesarias para hacer frente a la variedad de problemas que suelen acompañar a este tipo de lesiones. Es por esto que se hace preciso un proceso de rehabilitación especializado, continuado y de tipo transdisciplinar.

